viernes, 14 de diciembre de 2012

Me da igual la idea que tengamos incrustada en el imaginario colectivo:

Yo no soy un hada
así que dejad de decirlo y tengamos la fiesta en paz.


martes, 4 de diciembre de 2012

Obsesor























Tengo un fantasma como compañero,
susurra palabras sueltas en mis oídos
y me hace mucha compañía, aunque me pregunto
si el asunto no me estará perturbando un poco.
Tengo un fantasma como amigo, lo diría,
con un elevado grado de certeza, que se trata de un fantasma,
porque no puedo verle, apenas intuyo qué es lo que me dice,
sólo en momentos de tensión o en estado de duermevela,
siempre, siempre a solas, ya que este ser es algo tímido.
Le presiento antes de que empiece a hablar,
porque el frío que le rodea me empapa hasta los huesos,
un inicialmente ligero dolor artrítico me va paralizando
los tobillos, las rodillas, las muñecas, el cuello.
Pero así y todo vale la pena, porque su compañía es irreemplazable,
eso es lo que me digo, que no importa si no es muy sociable,
si asusta a los gatos de vez en cuando, o que sólo se manifieste a media voz.
Lo que no me gusta de el es que a veces, en plena faena (sea cual sea)
se empeña en susurrarme palabras, tiene alguna clase de tic de repetición,
empezó hará unos años y, desde entonces todos los instrumentos del trabajo
se me caen de las manos y no soy capaz
de trazar una línea recta,
recorrer un trayecto en bicicleta,
ni aliñar correctamente la ensalada,
enhebrar una miserable aguja,
o atarme bien los cordones puedo,
se me caen de las manos los cristales,
quedan olvidados en el suelo y me corto,
al intentar sacarlos sangro mas,
todo esfuerzo es en vano  cada vez
que el musita despacio esa palabra que dice siempre,
esa única palabra resulta suficiente para malograr
cualquier esfuerzo mío por hacer las cosas bien...
"Mejor" dice, y todo fracasa.
Mejor, dice siempre, mejor...

viernes, 30 de noviembre de 2012

lunes, 26 de noviembre de 2012

Preventorio de la Sabinosa


Fuimos al preventorio de la Sabinosa, antiguo hospital para niños tuberculosos y orfanato abandonado.
Esto fue lo que encontramos en el tejado...





lunes, 12 de noviembre de 2012

Borrador II


La lluvia repicando, el gato maulla,
el puto ruido sordo de la lavadora que gira
a derecha e izquierda hasta llegar al tope,
de izquierda a derecha y vuelta a empezar,
el frío se cuela por los huecos
que dejan los cristales descuadrados,
están repartidos por todo el piso,
es una casa acristalada en la que cada puerta, cada ventana
da golpes movida por el viento.
Y los libros y libretas, los cuadernos,
las revistas, todo sin leer formando pilas
que parecen repentinamente llegar hasta el techo,
montañas de papel magnífico y creciente que se expande
en todas direcciones, como la arena del desierto
busca conquistarlo todo, trata de crear un mar.
Pronto nadaremos en libros, el viento
formará cierto oleaje moviendo las hojas despacio.

Tenemos frío, claro que siempre tenemos frío,
pero es una de esas cosas a las que uno se acostumbra.
Eso dicen ¿No? Que te acostumbras.
Que a todo te acostumbras.
A todo te acostumbras, dicen, y es clave,
eso dicen, que es clave para la supervivencia,
dicen, estar bien adaptado al frío.

domingo, 11 de noviembre de 2012

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Naufragios


Seguirte en cierto camino
es como pasear por un pantano
errar dejando atrás el camino de madera,
las señales de colores pintadas en los árboles.

Es cierta sensación de pérdida a cada paso,
un ligero emponzoñarse hasta mucho mas allá de las rodillas,
empaparse el sexo de barro, astillas y desperdicios ajenos.
Zambullirse hasta el plexo solar en la neblina fantasmal
hundir la carita en un plato de sopa exquisito aunque lleno de gusanos,
beber un mejunje envenenado, mojarse con gotas de sudor que no son de nadie,
llorar lágrimas de cocodrilo en riada, lamentar y adorar
y lamentar de nuevo la autocomplacencia, nadar
en inabarcables mares de autocompasión.

Como criatura mitológica o cefalópodo gigante enamorado, abrazar y destruir
y abrazar de nuevo los barcos. Sentir, como un regalo, el dolor
que produce cada una de las astillas clavadas. Sentir, como un castigo,
el rumor de cada embarcación destruida por errar en la medida del abrazo.
Culpar cada tentáculo, cada brazo, cada bocanada de aire
injustamente por la consecuencia brutal e inmerecida de sus actos.
Envenena, eso si, eso parece,
pero el veneno puede ser mas dulce si cabe
que el mas embriagador de los licores. Puede ser tremenda droga,
incluso resultando encantador, contaminar cada célula del cuerpo con el mal.
Pueden ser de terciopelo los puñales, puede acariciar y destrozar
y acariciar de nuevo el abrazo interno de radiactividad
en cada célula del cuerpo. Puede cada una de ellas sentirse adormecida,
incluso amada, mientras el mal metastatiza en los adentros.
Amargo veneno el sabor (ay) el remedio que pudiera combatir la enfermedad,
porque puede el mal ser vírico y ser dulce como ninguna otra cosa al mismo tiempo.

Es que amar una sustancia tóxica es escoger la mas certera de las muertes
querer así, en absolutos, es hundirse en las arenas movedizas.
Abandone toda esperanza cualquier casual caminante, nadie ha de tender una mano
a aquellos que sólo anhelan destrucción. Adorar una enfermedad terminal
significa invariablemente enfermarse poco a poco; rendir culto
a una destrucción temprana, aunque no por ello menos brillante.
Nombrar dios al virus, condecorar a la droga,
enarbolar la bandera de la toxina; sentir orgullo de este vicio atroz.
Sentir cariño y renunciar a la cura, sentir nostalgia
y enfermar del todo.


Idolatría.

Ante semejante vacío apremia la necesidad
de encontrar uno o varios dioses, pero
¿A quien culpar ante esta falta de fe?
Si ahí arriba lo único que devuelve el saludo
 son ciertas extrañas formaciones nubosas.
A falta de fe, podríamos
crear una figura mitológica cualquiera,
fingir que siempre estuvo ahí,
olvidar el camino de la idolatría,
hacia el cual se nos empuja sin piedad
ya desde el nacimiento, explorar,
 en busca de caminos nuevos,
quizá todavía a tiempo de escapar
ante la cornamenta del becerro.
Adorar a la nueva creación, adorarla
como los antiguos hicieran con el astro rey;
abrazar la nueva fe orgullosos, exultantes,
 abandonando así el vacío testigo del descreimiento,
 posteriormente relleno de materialismo.
 Sonreír y bailar.
Dar la bienvenida al nuevo niño Dios
que nos saludará desde lo alto con benevolencia,
ajeno como fantasía que es a nuestros intereses.

sábado, 3 de noviembre de 2012




Me gustaría poderlo decir, que fue a causa de un hecho concreto, que fue culpa, quizá, de otro alguien.
La verdad es que no. La emputecida culpa la tengo yo.
La tengo cada vez que su ausencia se me clava un poco, cada vez que su recuerdo despierta y el enfado consecuencia de su desvelo me castiga con este, el reproche de todas las palabras no formuladas.
Su mirada ausente me atraviesa junto con su manera de estar sin estar, la consistencia vaga y fantasmal, esa presencia efímera que impregnaba el mundo a su alrededor.
Porque quizá ella no estuviera, puede ser que aquella cercanía fuera nada mas que un producto de mi imaginación sobreexcitada.
Que ella nunca estuviera del todo aquí, que su manera extraña de permanecer fuera la de alguien que siempre perteneció a otra parte.

martes, 30 de octubre de 2012

Extraño mar






Sumergirse de nuevo en ese mar de cuerpos,
cálido y cercano que nos envuelve,
rodea cada poro de la piel
atacando por todos los flancos
asedia dulcemente
todos los frentes a la vez.

Pensamientos de saliva se derraman
de los labios hasta el cuello,
se deslizan cuerpo abajo,
van a parar a un río que se mezcla
con todos los otros ríos,
ríos tuyos y míos, que confluyen en un único caudal,
desembocando en el inevitable nudo de cuerpos.

El mar nos seduce, utiliza su propio canto;
es brazos agitándose sin cesar,
manos que se aferran como tenazas,
dedos que se retuercen con desesperación.
Los brazos nos atraen hacia allí
su movimiento frenético nos congela,
precavido por si acaso tuviéramos algún interés en escapar,
su mutismo como danza hace inevitable el naufragio
una muerte lenta y dulce por asfixia,
de un pálido color carne.

domingo, 28 de octubre de 2012

Lo que nos posee.


Objetos pertenecientes a vidas no tan lejanas, bienes preciados imposibles de volver a encontrar,
libros descatalogados, juguetes que nadie osaría fabricar en estos tiempos modernos.
Objetos diminutos y enormes, llenos de personalidad, brillantes, preciosos,
repartidos en cajitas dentro de cajones que a su vez habitan los armarios
empotrados en habitaciones polvorientas, girando a la derecha al fondo del pasillo,
quedaron relegados a una esquina de otra vida,
una que ya no tiene cabida en esta.
Abandonados en un recodo del camino sólo pueden recobrar el protagonismo en sueños
y en ellos uno se debate violentamente sin saber qué de todo escoger, qué dejar en la antigua casa escondida en el bosque ¿Qué traer aquí contigo?
¿No sería tal vez mejor olvidarlos todos? Liberados de la maraña de objetos que hace las veces de escudo,
preguntarse, quizá, qué es lo que hay debajo de ellos...

viernes, 26 de octubre de 2012

La niña satán



Un día fui una peca en la mano de un diablo y jugaba
moviendo los hilos del deseo en los demás,
forzando su risa, sus manos, el verles bailar
sacudidos por una ráfaga de intenciones equívocas.
Moviendo los pies así, como dando saltitos,
igual que lo hacen los maleantes en las películas de gangsters
cuando les hacen bailar con la inestimable ayuda
del entusiasmo de una u otra arma de fuego.
Era un pasatiempo inocente, para mi,
jugar a entrechocar,
a enredar esos hilos,
trenzarlos (nunca cortarlos).
Pero todo, ay amigo,
en esta vida todo se paga.
Por eso ahora tengo que saldar cuentas
por tan repentinamente descubierto
abusado y explotado divertimento,
 me toca seguir bailando en estas tierras
con el saldo sobrante de aquella resta.
Cómo iba a imaginar lo alto que iba a ser el precio
a pagar, ignorante como era
de la moneda en curso y su cambio.
Y ¿Qué es lo que quedó? Me preguntas.
Lo que queda aquí dentro es ya nada.

jueves, 25 de octubre de 2012

Memoria...




Olvidarme un poco de cuentos, intentar recordar
mis propias facciones de nuevo,
solamente durante un rato, rozar
estos labios ateridos con las yemas de los dedos,
¿Era castaño, el cabello?
Agitar las pestañas pegadas por el hielo, quizá
recoger alguna del suelo si el movimiento las quiebra.
Frotar con las patitas previamente relamidas los ojos
 quizá helados pero bien limpios y secos.
La neblina alejándose por momentos,
espesas nubes de lluvia asoman allá a lo lejos,
pero por aquí, por el momento, una sorprendente claridad repentina
exceso de luz saturando la vista, ciega
los ojos congelados derritiéndose despacio,
mutando el tono en sombras de colores diluidos.
Quizá con tanta luz no pueda distinguir, quizá
 el futuro de este cuerpo sea
oscilar incapaz de escoger, entre
 el frío entumecimiento y en contrapunto
la nada.

lunes, 22 de octubre de 2012

Duelos y quebrantos


Comprendo la tragedia, esa tragedia que es la mía,
naufragando en un barco que,
 sin llegar nunca a flotar del todo,
 no terminará de hundirse.
Y esa mueca que insinúa:
se te quiere, pero poco,
que te quiere a ratos solo
indiferencia en los días impares
pasión incontrolable el resto, para compensar.

¿Será cerrar los ojos lo que se debe hacer?
Rebajar las llamas del deseo
hasta reducirlas a manejables y tibias brasas,
agradecer el frío como fin único de la existencia,
habitar el hielo que es hogar,
ese único lugar posible.
Abrazar de nuevo la recientemente aparcada religión del yo,
cerrar las puertas por dentro, no sea
que la corriente haga volar los papeles.
Olvidar tu voz y tu pelo y tus ojos,
aparcar  falsas promesas de mi hacia mi,
aceptar que este terreno baldío no interesa mas
a ningun explotador latifundista y seguir
con la venta del terreno, el desarrollo de la industria,
quizá algún día reproducir hermosas obras brillantes, en masa,
asemejando bosques formados por plantas de metal.

domingo, 21 de octubre de 2012

jueves, 18 de octubre de 2012

III



Y así, de alguna extraña manera,
cada vez que conseguía provocar esa risa era como si
el hielo se fundiera y al derretirlo fueran cayendo objetos empapados al suelo:
algunos diarios ya ilegibles, antiguas fotos desenfocadas, pastillas de acuarela medio disueltas, peluches despedazados, ya irreconocibles.

En el centro de esa solemne bola de hielo, un guiñapo de carne humano ahora tendido en el suelo, rodeado únicamente de un charco inmenso y objetos inútiles.

II


Adoraba sus esquirlas,
 los diminutos fragmentos
me gustaba acariciar los trocitos restantes
lamer las virutas en el suelo
admirar el reflejo de la luz en esos pedazos,
el brillo irisado que provocaba el agua
resbalando sobre ellos, los ríos de sangre resbalando,
mezclados con gotitas de agua surgida del hielo,
derretido con el calor de estos abrazos intrascendentes cada vez
que saltaba sobre ellos, cuando todavía
no habían quebrado del todo la carcasa.

Es que los enteros simplemente se abrazan (al menos eso dicen).
Pero uno entero se ha de clavar los pedazos de uno roto si lo intenta, aunque sea, rozar nada mas...
Mientras que, de estar rotos los dos, poco pueden hacer mas que chocarse para esparcer los fragmentos diminutos a su alrededor en cada intento infructuoso.

I


Hay un bigote de gato en el suelo, está
mezclándose con la inmundicia acumulada
despacio, durante mas de cuatro días.
Una antena diminuta y delgada
se comunica con nosotros de varias maneras,
introduce ideas extrañas, a través
de la piel en nuestras cabezas.
Nos invade el pensamiento con extraña vibración,
una hebra blanquecina de aspecto insignificante,
arrancada involuntariamente de la bestia peluda,
reclama su diminuta porción de trascendencia.

domingo, 14 de octubre de 2012

La carne mas tierna.



Empieza a mediados del otoño, cuando el humo de leña sobrecarga el ambiente.
Se materializa el recuerdo, el suelo de las cocheras bien cubierto con pura tierra rojiza, ramas y paja. El animal peludo, blancuzco, atado colgando de una cuerda de esparto por la pata posterior se agita con locura.

Escasos minutos antes ha sido arrancado de la jaula de madera y metal que le ha dado cobijo, igual que la maceta es trampa para una planta, el destino preestablecido de esta criatura no incluye su exposición al sol, al menos, hasta unos instantes después de su muerte. Una vez convenientemente despojado de esa (al parecer innecesaria) capa de piel que incluye el pelaje le será permitido conocer la calidez de los rayos, podrá apreciar la caricia del viento una vez transformado su cuerpo en producto apto para el consumo, carne rosada extremadamente tierna despojada del fluido vital, procesada para satisfacer el gusto del paladar mas exigente.
Va cayendo la noche mientras se retuerce. Su baile desesperado va formando un reguero de sangre que salpica la puerta; madera mezclada con sangre, que fluye a través del material poroso conectado con el sistema nervioso del animalito todavía vivo.
La puerta de madera late al compás de las sacudidas , madera que grita herida de muerte, repudia la sangre sobrante que salpica formando un charco negruzco en el suelo.
Despojado de un globo ocular el animal aumenta la cadencia de su baile agónico hasta perder, poco a poco, las fuerzas y rendirse para siempre al frío.

Libera finalmente, con su rendición, a sus agresores de una larga espera en la noche de otoño tardío, dejando tres únicos recuerdos:
  Sabañones en los pies como único, diminuto gesto de justicia.
  Una mancha de sangre parda e imborrable en la puerta de madera.
  Un pellejo peludo curtido al sol, suave como terciopelo de olor acre y blancura inmaculada...
  Sin una sola gota de sangre.

domingo, 7 de octubre de 2012

Cuestión de fe.
























Yo no creo en esto, así que  sucede igualmente,
sin necesidad alguna de mi fe y, mientras tanto,
el hocico húmedo y peludo del durmiente
que como tu siempre busca la sangre
se restriega, se frota contra mis dedos.
En su sueño cree buscar el agua, quizá
cree buscar el calor de su madre o, también,
una manta aparcada detrás de la estufa; el sueña
siempre sueña con días de lluvia, sus bigotes recuerdan
el aroma del viento en otras ciudades.
La humedad huele diferente allí,
es incluso mas interesante asomarse al balcón.
Añora el temblor de estos bigotes la lluvia altanera y consecuente,
se enfada con la veleidad de este clima costero,
insiste en su deseo desafiante frente a las nubes
para volver adentro cabizbajo y rendido.
A veces se indigna ante mi ausencia
y el preludio de una pelea que es mas
una tentativa fallida de discusión,
un ensayo general de griterío rabioso,
se convierte en duelo silente de miradas
pero al final nos quedamos con las ganas,
la trifulca prometida se queda en nada y así,
con un poco mal disimulado de tristeza
volvemos cada uno a sus quehaceres.
La magia de los gatos no ha funcionado esta vez
pero el no dejará de intentarlo,
hará que nos mojemos todos con pura insistencia animal
y al mirar arriba nos recibirán sus bigotes,
ronroneando de placer puro y durmiente.

miércoles, 3 de octubre de 2012
























Podría ser diferente dicen que yo,
en mi rutina, siempre tan defectuosa
perturbo su absurda percepción generalista de lo correcto
que debiera transformarme, repentinamente, en otra cosa,
renegarme y toda la crítica negativa,
adoptar todo (cualquiera) juicio ajeno hasta conseguir
palabras suficientes para envolverme en ellas,
difuminarme en juicios ajenos y de algún modo
hacer desaparecer a ésta que habito, que me habita
o que yo qué se, forzarla a mutar en otra bien distinta,
una creada en base a las expectativas,
deseos y delirios de los demás.

Adoptar, de esta forma, costumbres una y mil veces
observadas en los otros, forzar la sangre,
que mueve este cuerpo, quieta y callada lo empuja al abismo,
a no manifestarse de formas tan violentas.
Desprenderme de ese cierto olor a muerte
que confiere la carrera inmutable y muda,
no pensar en lo cruel de la gravedad, abandonar las reflexiones
sobre alas y caídas en boca de otros.

Este es el cajero que hay debajo de casa:


























Luego diréis que no os avisé.



lunes, 24 de septiembre de 2012

Querido viejo mundo (II)



Es la era que nos ha tocado en el gran sorteo; un momento histórico de cambio que, al habitar en presente, algo en nosotros se resiste a procesar.
El mundo de fuera va siendo reemplazado poco a poco por otro mucho mas ensimismado con varias, extrañas y volubles fronteras, pero esto es algo que no comprendemos del todo.
La sensación de carencia, de impermanencia, de pérdida es omnipresente.
Van pasando los meses y los años, es como si en cierto modo la realidad del mundo se fuera esfumando poco a poco. Así el sistema va robándonos los árboles, los bancos, las aceras. Los espacios cerrados, los servicios sociales, la sensación de libertad. La tranquilidad, el anonimato, los secretos.
Nadie escapa al ojo que todo lo ve ni se libra de la aldea global.

La extrañeza ante la nueva era nos invade, la ansiedad a veces no nos deja dormir, el relativismo empaña los intentos de fe: todo es verdad y mentira al mismo tiempo.
Lo han conseguido, no queremos creer en ello, pero lo han conseguido.
Le tenemos miedo al miedo, no queremos volver a salir de casa nunca mas, pero no importa. Ahí afuera pronto ya no quedará nada mas que las imágenes que nuestro recuerdo proyecte sobre la terrible nada.

En cualquier momento la última criatura de alguna especie olvidada, frágil e insignificante aspecto, tan diminuta como crucial para el ecosistema, cerrará los ojos vidriosos por última vez.
Entonces todo este castillo de naipes que viene a ser la civilización moderna será derribado por una casi inapreciable corriente de aire, cayendo este ridículo delirio de grandeza en un olvido eterno, perfecto, indescriptiblemente bello.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Idea de un jardín.



Las palabras sobrevuelan la escena sumidas en la confusión. Las palabras nunca son culpables de nada.
Cada gota de saliva evaporándose evoca la imagen de algún tipo de espada o puñal,
el metal recién forjado, aún caliente, se siente naturalmente atraído por la carne,
la busca con pasión, con la inercia de la curvatura producida por el lanzamiento descendente.
Siempre hacia abajo, el filo hechizado por el hueco que conforman los poros de la piel va a parar a uno de ellos: se posa encantado rompiendo la superficie inevitable y limpiamente, sin malicia, casi con ternura.
De cada palabra clavada ha de surgir una gota de sangre; cada una de ellas será un buen día una flor.
El conjunto vegetal tapará los diminutos canales que transcurren por debajo y, de este modo,
ciertas consonantes hiladas podrán formar el tallo, los signos de puntuación serán las hojas,
de las vocales surgirá cada uno de los pétalos redondeados, las frases al completo formarán
las hileras de un jardín oculto, inundado como un arrozal.
Flotando en el, cada una de las buenas intenciones que se hayan podido materializar.
Encalladas en el fondo, entretejidas con las raíces, las angustias abrazadas a los miedos
mientras estos, tan sombríos, permanecen aferrados a la tierra para siempre.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

El esperado aroma del Otoño


Es en días como aquel, en noches como ésta. Durante el cambio de estación, este auténtico y sin embargo jamás oficialmente reconocido principio del año con sus hojas cambiando de color, sus inevitables zapatos nuevos, su vuelta al cole según reza la publicidad, su cielo nuboso sin estrellas. Nuevos planes apenas esbozados y fantasías risibles mil veces aparcadas (supuestamente a la espera de un momento mas apropiado).
Dar la vuelta a todo aquello; invertir el pasado, regresar a aquella casa y encerrarme, enterrarme en ella.
Sin luz ni comida ni agua ni el gato ni plantas, refugiarme bajo diez mantas, sepultarme bajo capas de ropa de viscosa finísima, esconderme entre las hojas de libros manoseados, de papel satinado en primera edición colorista de finales de los años noventa.
Dejar de escribir, de hablar, apagar el móvil y meterlo en un cajón o tirarlo por la ventana o al mar: mejor todavía estamparlo contra el suelo de asfalto indolente de alguna carretera comarcal.
Cerrar las cuentas de las redes sociales, no contestar nunca el teléfono ni el timbre, no abrir la puerta, jamás bajar a la calle, únicamente permitir a mi sombra polvorienta asomarse a la ventana una vez bien entrada la noche y con la condición de agacharse rápidamente en el hipotético caso de descubrir alguna mancha móvil allá abajo en la lejanía.
Esperar. Hacer de la espera un rito, repetir palabras hermosas como oración: que cada minuto de retiro en esa casa sea como un instante precioso de meditación en la montaña.
Esperar que las cosas ahí fuera cambien y las de dentro no sean tan confusas, esperar el tiempo necesario hasta la absoluta renuncia de esta identidad malparada y rendida.
Esperar a que el ego se ahogue en tanto ensimismamiento, que lo diluya la soledad y renacer un buen día, de repente, lejos de este valle estéril como un ser humano nuevo iluminado con la alegría que invade al audaz.

martes, 18 de septiembre de 2012

Gatos de cementerio


Fuimos al cementerio de Montjuic.
Aquí está la segunda serie de fotos de tres:


Sin título

Sin título

Sin título

Sin título

Sin título

Sin título

jueves, 13 de septiembre de 2012

Cementerio de Montjuic


Hoy hemos ido al cementerio de Montjuic.
Aquí está la primera serie de fotos; habrá tres:

Sin título

Sin título

Sin título

Sin título

Sin título

Sin título

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Ahora que su imágen ya no está



Me levanto temprano por la mañana después de un sueño agitado en el que ella no aparece.
Preparo un té bien cargado; ni el aroma me recuerda a su cuello ni el borde de la taza lleva la marca de sus labios.
La tostada solitaria que acompaña ese té no cruje del modo en que lo haría su espalda al estirarse por las mañanas, el dulce de la mermelada no se parece en absoluto a su saliva.
Al caminar hasta el trabajo, su sombra no me acompaña por la calle ni me sigue...
Nada altera la quietud del teléfono mientras trabajo, ni cruza mi mente su imagen esperándome apoyada en la puerta de salida del edificio para ir a tomar un café y después quizá incluso al cine al concluir la jornada laboral.
No me acompaña por la calle, ya de noche, ni de pasada asoma ese pensamiento a mi cabeza mientras me dirijo a casa ya pensando en la cena que voy a tomar.
La silla, vacía a mi lado, no recuerda su presencia o su peso. No hay platos ni vasos vacíos para ella, buena prueba de que no la pienso ya.
Y al tocar las sábanas por fin, la cama no recuerda su respiración ni las sábanas reproducen su figura.
En mis sueños ya no hay espacio para ella. Todo es diferente, ahora que su pensamiento no está.

lunes, 10 de septiembre de 2012
























Me rindo a tus manos como una presa mal avenida ya ni desesperada.
Me rindo ante la mirada turbia, nadaré en esas ojeras, cada una de tus pestañas se me ha de clavar.
No será tu culpa la que precipite esto, somos poca cosa en realidad,
extrañas fuerzas aquellas que nos mueven, yo no sé.

Me rindo a tu sangre, mi sangre que corre derramada, se ha sobrado por los bordes de la cama
y cuando abrazándonos nadamos, nos acoge en su interior sin pedir nada.
Estos genes egoístas repulsivos de los que no tiene sentido intentar escapar nos mueven convulsivamente aun sin motivo.

Así que, rendidos, nadamos. Porque ¿Qué otra cosa hacer?.
Rendidos callamos, pues no hay palabras que usar como arma con la que combatir esto.
Rendidos, agotados ya negamos la evidencia y todo lo que ha de venir;
lo futuro, lo pasado, cualquier buen deseo triste y fútil,
nada importa ya aquí dentro, nada alimenta el brillo de una falsa promesa pulida.
Si la derrota es un jardín o un bosque o una selva,
quizá podamos construir cabañas en los árboles
desde las que observar a las fieras durmiendo;
Quizá la noche nos sorprenda entonces,
descubriendo nuevas especies vegetales, encantados.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Imagen mental para días de lluvia.


Me siento enferma, le explico mientras me mira con atención.
Enferma en absoluto, como si no quedara lugar para otro tipo de sentimiento en el mundo; como si la enfermedad hubiera arrasado lentamente con todos los demás, la sangre lo inunda y lo barre todo, aquí no hay espacio para los otros, no quedan buenos pensamientos, no queda nada.

El mira por la ventana y se pone triste porque piensa que ya no le quiero.
Me persigue lamentándose cabizbajo por la casa para apartar la mirada y el lomo cuando le sigo, porque piensa que su presencia sobra así que me mira con pena y me esquiva.

Intento convencerle para que no se marche, pero todo lo que está roto me atrae incluso mas. Y bueno, ¿Puede existir algo que resulte mas atractivo que un gato con el corazón roto?

Lo herido, lo rendido, lo triste, todo aquello que no logramos convencernos para hacer, todas las cosas que dejamos a medias, los sentimientos de derrota sin fundamento, la añoranza de la lluvia, el frío, la pena.
Todo eso reflejan sus orejitas gachas y bigotes mustios. Su cola que arrastra en vez de agitar con orgullo.

"Nadie se muere de amor¿Entiendes? Nadie, tampoco tu"- Le explico. -"Nadie se muere de pena."- Pero calla mientras su mirada fija no me suelta.

Es comprensible que no quiera entender nada.

sábado, 8 de septiembre de 2012



























El vuelo es distinto durante el sueño.
 Es casi como si se tratara de otra cosa, algo un poco menos especial o mas mundano. Algo que comentar con los vecinos en el ascensor. Algo que quizá no le dirías a tu madre por teléfono.
Casi resulta algo cotidiano el volar, no hace falta mas que agarrarse a ese poco de fe restante y dar un salto ligero en cualquier dirección. Preferiblemente, eso sí, en alguna que no conduzca al abismo sólo como medida preventiva en caso de que el descreimiento haga flaquear este maravilloso talento, ya que el duro suelo se ofrece para darnos la bienvenida en cualquier momento.
Aunque levitar es siempre posible en cualquier parte,  puede resultar complicadísimo hacerlo bajo presión.
La luz directa, el exceso de contaminación acústica; incluso alguna mirada demasiado atenta puede hacernos repentinamente demasiado autoconscientes y provocar que el poder se esfume durante la cantidad de tiempo justa, a veces mas que suficiente para provocar el desastre...


miércoles, 29 de agosto de 2012

Querido viejo mundo.


A veces te recordamos por las mañanas, por las noches.
Entre tazas de té y cervezas de litro de la marca mas barata nos vienen a la cabeza y a la boca pequeños detalles de cuando todavía estabas con nosotras o, mejor dicho, nosotras estábamos en ti.

Añoramos el aroma de tus desinfectantes no necesariamente industriales con un deje de pino, tus cajas llenas de galletas imperfectas fabricadas dentro del ámbito provincial.

Las cintas de cassette sin etiquetar que aparecían debajo de la alfombrilla del coche, dispuestas a sorprender.

Tus parques llenos de recovecos y de verde, tus bancos dobles para mas de seis personas, aquellos que utilizábamos incansablemente aun cuando les faltara una o varias tablas y permanecer sobre ellos representara muchas veces un reto.

Los trenes nocturnos con compartimentos y cortinas, los viajes de duración aleatoria. Las noches jugando a veo veo intentando ver aquello que fuera a través de la penumbra de la ventana, socializar con todo tipo de fauna y flora.

Todos los edificios abandonados a las afueras cuando todavía no había policía ni cámaras en las ruinas, vigilando que no nos acercáramos a los fantasmas.

Echamos de menos (y alguien se indignará por esto) fumar en los bares y en los conciertos. Beber en la calle con tranquilidad. Cuando nuestra presencia en la vía pública era un derecho y no un delito, vivíamos día tras día esa falsa sensación de libertad como un extraño tipo de alegría  que nace en la boca del estómago y se extiende hasta todo.

Lloramos tus últimos días, nuestros últimos días en ti, ahora que tu sombra se aleja poco a poco y somos conscientes de la nada que ha venido a reemplazar todas aquellas preciosas cosas.
Miramos a los niños que encontramos y pensamos en los que han de venir con algo de lástima, mientras toda aquella belleza va siendo reemplazada por una única gran ventana que todos compartimos, en la que nadie puede albergar la fantasía de escoger cualquier otro camino y es imposible sentirse a salvo.

Porque a veces, al ver a los demás rendidos y tristes, notamos que tu recuerdo ha sido reemplazado por algún tipo de extraña desazón colectiva.

Sabiéndonos animales de una especie rara lloramos tu ausencia, aunque parezca que ya nadie te añore intentamos mantener con vida tu recuerdo.
Soñando, en los días malos, con la destrucción de todo esto que ha venido a reemplazar aquello que llamábamos vida.

En los días tristes te echamos de menos.

martes, 28 de agosto de 2012

Parece que va a llover


























El ambiente se va cargando, la concentración aumenta de manera exponencial y mientras tanto sudamos.
Sudamos hasta el hartazgo y la náusea, hasta que los flashes de recuerdos largo tiempo atras olvidados lo llenan todo.

Sudamos el ahogo, el exceso, la pigmentación de la piel.
Nos sudamos unos a otros para después inhalar involuntariamente esa humedad que desprenden los demás que, sobrecargados como nosotros, nos devuelven la sensación excesiva de una u otra manera,
incapaces de digerirla u olvidarla, incapaces también de asimilarla o esconderla en algún cajón.

Amanecerá y la lluvia se llevará los sentimientos negativos que podamos haber ido acumulando durante todos estos días de locura estival, de soportar el exceso de presión ambiental en esta carcasa frágil que apenas tiene espacio ni fortaleza suficiente para vivir esta tensión...
Para albergar aquello que nos permite soportar la humedad, tanta electricidad sobrecargando el ambiente, la niebla, presión, tristeza.
El tedio mágicamente creado por ridículas rutinas acumulándose en forma de extraña y endeble construcción emocional que la lluvia ha de erosionar hasta la destrucción total, devolviendo un poco de la antigua calma y el descanso cuando pase la tormenta y de todo eso aquí no quede nada.

sábado, 25 de agosto de 2012




El sonido del teléfono a una hora intempestiva y la voz de mi padre llorando por alguien que ya no estará mas.
Murió y esa carencia deshizo todo el universo de nuestra infancia compartida, todavía precariamente hilvanada en aquel momento, gracias únicamente a su débil respiración.
Su corazón dejó de latir sin motivo aparente y el frío lo llenó todo durante unos meses.
A la vuelta felicitaciones de los otros, todos aquellos que no comprenden este invierno, por las preciosas costillas que ahora eran capaces de apreciar a través de la ropa.

El sonido del teléfono a cualquier hora, que me sorprende normalmente observando desde este lugar algo apartado...
En el que es fácil permanecer a salvo, porque mientras sólo se observa desde las alturas no hay mucho que perder.
Todo mantiene una quietud eterna.
Ya nada nace ni yerra ni muere.

viernes, 24 de agosto de 2012

Alguien te va a hacer llorar.


La neurosis no es únicamente una serie de síntomas negativos asociados al sistema nervioso, desde luego no es algo tan limitado como eso.
La neurosis es mucho mas que un estado mental. Es un pequeño país.
Un universo entero, con sus cordilleras y lagos. Planetas, nebulosas y estrellas, agujeros negros, astronautas despistados.
Una bestia terrible de amplias fauces que acecha por la habitación esperando hasta que se apagan las luces.

La neurosis eres tu y soy yo.
Neurosis somos nosotros jugando al escondite en el desván, pasando por debajo de las mantas que cubren los muebles y figuras religiosas, tratando de protegerlas en vano del polvo y ahuyentar a la carcoma.
Las motas de polvo que brillan iluminadas por la luz que se cuela entre las rendijas de la persiana de madera.
El pánico a las voces en las escaleras, en los armarios. Los clavos malparados en las vigas de madera.
La tinta olvidada y reseca de todas las cartas que pueblan el cajón hasta hacerlo rebosar.
Los pasos que suben por la escalera y se dirigen hacia nosotros. El castigo que no llegará si nos escondemos lo suficientemente bien...Si logramos hacerles creer que estamos en cualquier otro lugar de la casa y nunca robamos la llave que da acceso a esta planta.
Si ahogamos la respiración y no movemos ni un músculo. Si el gato que sigue a esos pasos elige no delatarnos con un saludo no verbal en nuestra dirección, haciendo gala de cierta complicidad felina.
Si conseguimos escapar a las consecuencias de nuestros actos, la puerta se cerrará con parsimonia mientras los pasos retroceden.
Entonces podremos permanecer encerrados aquí, cobijados por la semi-penumbra y el polvo acumulado a finas capas durante años, repitiendo nuestros juegos sin un orden aparente.
Olvidando siempre el primero y apreciando cada vez el fantasma de la novedad en el último, como si a fuerza de fingir ignorancia pudiéramos escapar del poder de ese bucle en el que, de algún modo, nuestros juegos han de permanecer para siempre inmersos.

lunes, 20 de agosto de 2012
























Quiero que empieces a contar ahora.
Sólo cuando yo te lo diga
y organicemos por decenas ese juego tan divertido como poco original.
Funciona así:

La primera decena sonará como una risa infantil despreocupada.
La segunda es una sospecha de engaño sin fundamentos.
La tercera una burla cruel de origen desconocido, que para colmo da en el clavo.
La cuarta son simplemente unos labios.
La quinta es un secreto que alguien grita en un espacio público.
La sexta un castigo aplicado injustamente.
La séptima es la certeza de que algo saldrá mal.
La octava un poquito de ansiedad muy poco disimulada.
La novena un deseo intenso, inmenso e inabarcable que aumenta para ir a parar
hasta la décima, donde las volutas de deseo reprimido y controlado estallan en blanco
iluminando la habitación durante algunos segundos con un resplandor fugaz.


domingo, 19 de agosto de 2012





























Porque sin este miedo omnipresente no estaría
tan mermada y a ratos se me olvida que lo siento,
aunque se que sólo me está esperando en el próximo recodo del camino
para continuar esta marcha a mi lado en cuanto me alcance,
porque se me adelanta a veces,
ya que es cosa de miedos el presuponer y sobrepasar.

Así parece que esta soledad lo ilumina todo,
estando aquí, libre sin el tan de repente,
bailo y muevo la cabeza con abandono,
al son de estas alas extrañas y rotas,
como si este burdo alambre entretejido,
fundido en el reciclaje, adulterado
con quien sabe qué tipo de escombros,
pudiera algún día hacerme despegar de este
sueño a ratos hostil.